Dieta mediterránea y actividad física, primordiales para la salud mental
Más allá de mantener los kilos a raya o prevenir enfermedades cardiovasculares, dieta equilibrada y actividad física conforman un potente binomio para blindar nuestro cerebro contra diversos enemigos de la salud mental como la depresión, el estrés, la ansiedad o los trastornos del ánimo
El 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental. Así influyen en ella la nutrición y el ejercicio.
El poeta latino Juvenal no se equivocaba cuando escribió “mens sana in corpore sano” en sus Sátiras del siglo I. Quienes evitan los alimentos procesados y se ejercitan para mantener la mente despejada van por la senda correcta en materia de salud física y mental.
Por eso, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) resalta que el sobrepeso se asocia con un mayor riesgo de sufrir depresiones y recomienda la dieta mediterránea para alimentar la felicidad.
Obesidad y depresión
Miguel Ángel Martínez González, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra y miembro de la SEEDO asegura que la depresión es el tema más estudiado en la relación entre nutrición y salud mental.
“Alimentar la felicidad es un modo poético de decirlo, pero hemos encontrado que patrones alimentarios para prevenir la enfermedad cardiovascular se asocian a un menor riesgo de depresión”, indica el experto.
Ese patrón alimentario de dieta mediterránea “reduce entre un 40 y un 50% el riesgo de desarrollar depresión”, afirma Martínez.
Además, según la SEEDO, el riesgo de padecer depresión es un 55% mayor en las personas obesas, mientras que el riesgo de obesidad aumenta un 58% entre quienes tienen depresión.
El doctor Martínez añade que “la bollería industrial y las comidas rápidas representan un mayor riesgo de desarrollar cuadros depresivos y la obesidad infantil y juvenil se asocia a la depresión en la vida adulta”.
Comer para ser feliz
El investigador Martínez González señala los beneficios de la dieta mediterránea.
“Aunque es un patrón relativamente rico en grasas, se trata de grasas de origen vegetal, como el aceite de oliva;además tiene un consumo abundante de verduras, frutas como postre y de un vaso de vino tinto con las comidas”.
En este tipo de dieta, además, escasean los postres muy dulces y las carnes rojas y abundan las legumbres, los cereales, el pescado y los frutos secos que representan una “protección significativa frente al deterioro cognitivo leve”, un tema que aún está en estudio.
“También hay alimentos claves para el sistema nervioso central, los que contienen ácidos grasos omega 3, ácido fólico y vitaminas del grupo B, porque colaboran en las reacciones bioquímicas de síntesis de neurotransmisores y en la fluidez de las membranas neuronales”, agrega Martínez.
Comer para alejar la depresión es crucial para evitar la aparición de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) ya que la SEEDO advierte que “las personas deprimidas sufren de ansiedad”, lo que a menudo puede causar episodios peligrosos como los atracones.
Cuando la mente afecta a la dieta
Fernando Fernández-Aranda, de la Unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Universitario de Bellvitge en Barcelona y jefe del grupo del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) estudia los TCA desde hace 20 años.
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